Como en este magnífico ejemplo de Carlos Barral, con una poema sobre la ducha que se dá cada mañana.
RITUAL DE LA DUCHA
Comenzando en cuclillas, con la mano
tendida al chorro pálido del grifo,
mezclando los dos climas; con la historia
estrictamente personal dormida.
Luego erguido, con sombras interiores,
insistir con la lluvia sobre el hueso
conculcador del ámbito insurgente.
A favor de corriente,
desperezar el leño de los miembros lejanos,
cortar el miedo genital y el sueño
crepuscular del corazón vacío
y el peso de la noche de sí mismo.
Y al cabo, de más alto, una cabeza.
Un golpe dolorido,
por fin sobre la máscara, el fluyente
autorretrato de cristal con nombres.
Ya somos por fin alguien, somos agua.
Su memoria magnífica, ondulada,
recorre el espinazo y, a la contra,
remonta la paciencia, sube el tibio
deseo de seguir en esta espera.
Carlos Barral
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