Laura se había quedado únicamente con su taza de café. Dirigió su mirada hacia el exterior. Comenzaba a llover con fuerza. La gente corría en busca de un lugar donde refugiarse. De repente, la puerta de la cafetería se abrió de golpe. Una curiosa y desgarbada figura masculina entró tambaleándose hacía el interior. Con un suspiro de alivio pidió una gran taza de chocolate caliente. Laura lo observaba con sus ojos inquietos. Aún eran las ocho menos diez. El café se había agotado y lo único que le pedía su cuerpo era una gran taza de ese chocolate caliente.
AGOSTO
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No es justo criticar las letras tristes de alguien (cuando tú también estás
rota).
Hace meses que no hablamos el mismo idioma. Quizá la línea se ha aver...
Hace 1 año
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